Este
domingo 25 es un día muy especial para los argentinos. Hoy celebramos las
elecciones para elegir el próximo presidente, y tantos cargos nacionales y
provinciales, así como nuestro nuevo gobernador de Misiones. Sabemos que la
democracia no se constituye solo con las elecciones, pero sin embargo es un
momento fundamental, ya que cada uno de nosotros tenemos la necesidad de votar
responsablemente, y hacernos cargo con nuestro voto de la Argentina que seremos
en los próximos años. Desde ya en cada Misa que celebraremos este domingo
rezaremos por nuestra Patria, y pediremos que aquellos que sean elegidos por el
pueblo argentino para los diversos cargos, se dispongan a trabajar por el bien
común, y sientan la responsabilidad de “servir” y dar la vida por la gente, por
todos, y especialmente los más necesitados.
El Evangelio de este domingo (Mc. 10,46-52), nos sitúa ante una virtud
indispensable para toda persona y sociedad que se propone madurar en el diálogo
y la armonía, en los consensos y diferencias, que es “la humildad”. Todos, y
siempre somos necesitados. Los cristianos sabemos que necesitamos de Dios y de
la ayuda de nuestros hermanos. El Evangelio de este domingo nos presenta “al
hijo de Timeo-Bartimeo, un mendigo ciego, sentado junto al camino… “Al verlo a
Jesús le imploró: “¡Hijo de David, ten piedad de mí!. “El Señor lo hizo llamar
y le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?... Él le respondió: “Maestro que
yo pueda ver” (Mc.10,51). Solo desde la virtud de “la humildad” podemos “ver”
más profundamente la realidad. La nuestra en primer lugar, y la de los demás.
La humildad nos libera de posturas y trajes artificiales que siempre nos
esclavizan con imágenes falsas que tenemos que alimentar, y también la humildad
nos libera sobre la verdad de los otros, ya que muchas veces inventamos
fantasmas que no corresponden a la realidad, o bien analizamos la realidad y a
los otros, desde nuestras fantasías y prejuicios, y esto solo nos lleva a odios
y divisiones, y quizá hasta la violencia. Podemos implorar como el ciego del
Evangelio que todos como sociedad nos sintamos necesitados de Dios y sobre todo
pidamos que podamos ver.
Con
especial satisfacción puedo señalar que la mayoría de las parroquias durante el
año seguimos tratando de ver como el ciego del Evangelio, replanteando nuestros
consejos de pastoral y formas de organización de nuestras estructuras
pastorales. Como pide Aparecida, desechar las estructuras obsoletas, y adecuar
y potenciar aquellas que sirvan para que nuestras comunidades sean más evangelizadoras
y misioneras. Desde ya que este es un camino exigente, y si bien “muchos” lo
entienden, otros lo ven como un nuevo problema que se les coloca y molesta…
Estos “no ven” la necesidad del pedido de conversión personal y pastoral, para
misionar.
Con
alegría podemos señalar que aun con las dificultades que siempre encontramos en
toda realidad y en nuestros propios corazones, ha penetrado con hondura y
humildad en nuestros sacerdotes, consagrados y laicos el pedido que realiza el
documento de Aparecida: “Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las
estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de las diócesis,
parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de
la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas
sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar
las estructuras caducas que no favorezcan la transmisión de la fe.
La
conversión personal despierta la capacidad de someterlo todo al servicio de la
instauración del Reino de Vida. Obispos, presbíteros, diáconos permanentes,
consagrados y consagradas, laicos y laicas, estamos llamados a asumir una
actitud de permanente conversión pastoral, que implica escuchar con atención y
discernir “lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias” (Ap.2,29), a través
de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta” (365-366).
Este
planteo que con humildad y esperanza realizamos en orden a revisar nuestras
estructuras y formas de organización para cumplir mejor con nuestra misión,
también es necesario realizarlo en toda forma de organización social, cultural
o política… Siempre como es natural hay formas de organización que con el
tiempo y los cambios van quedando obsoletas. A veces peor en vez de servir al
bien común, van tornándose en estructuras que solo sirven a algunos, o bien son
generadoras de formas de corrupción. ¿Quién tiene la iniciativa para revisar
con grandeza y magnanimidad todo esto que no sirve más, y que puede estar
dañando al bien común?. Esto es bueno señalarlo con esperanza en un día como
hoy tan vital para la democracia.
En
el texto del Evangelio de este domingo, el ciego al borde del camino, con
humildad le implora a Jesús: “¡Hijo de David, ten piedad de mí!”, y le pide
aquello que necesita: “¡Maestro que pueda ver!”. Nosotros también necesitamos
pedir a Jesús con humildad: ¡que podamos ver!
Les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo.
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